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La mayoría de las personas se han sorprendido en alguna ocasión pensando aquello de: ¿qué no haría yo por amor? Y también muchos enamorados se han encontrado en un callejón aparentemente sin salida, diciéndose: ¡este amor está acabando conmigo!. Y es que además de la fuerza que tenga el deseo o el cariño que profesemos a otra persona también hay que tener en cuenta lo que esa relación aporta a nuestra vida y a nuestro desarrollo personal.
 

 

Hay amores manipuladores y el terreno de las emociones humanas es campo propicio para la aparición de verdugos y víctimas. Por muy dulces que sean las torturas de amor, hay que mantenerse alerta, detectarlas y evitarlas.

 

¿Cuándo hay que empezar a preocuparse?

Si desde que mantienes esa relación sientes que no puedes crecer como persona, que de no estar bajo su influjo estarías realizando actividades que responden a intereses que sientes legítimos desde tu punto de vista personal, si estás empezando a pensar que por mantener ese amor, desempeñas un rol que te impide mostrarte con autenticidad, vale la pena que trates de responder con sinceridad a las siguientes preguntas:


1.- ¿Sientes temor a llevar la contraria a tu pareja por miedo a su genio y sus enfados repentinos?

2.- ¿A menudo cedes a sus peticiones porque tu pareja te amenaza con cortar, o te ataca y humilla de forma verbal?

3.- ¿Cuándo tomas una decisión por tu cuenta respecto a asuntos de estética personal, sientes una preocupación obsesiva por la opinión de tu pareja?

4.- ¿Frecuentemente observas que tu pareja desfigura la verdad de las situaciones vividas, a su favor, cuando se habla sobre ellas, ya sea a solas o con otras personas?

5.- ¿En alguna ocasión has pensado en cortar pero su reacción te ha dado tanto miedo que te has quedado a su lado por lástima?

6.- ¿Con frecuencia piensas que te está utilizando sabiendo que no puedes soportar la idea de hacerle sufrir?

7.- ¿Has llegado a pensar que tu pareja trata de ser la única fuente de relación social y que no soporta ningún tipo de competencia afectiva?

8.- ¿Te sientes culpable cuando defiendes tus intereses?

9.- ¿Crees que el papel de víctima te encaja a la perfección?

 

Si contestas más de la mitad afirmativamente, quizás sea momento de hacerte consciente de los aspectos negativos que implica la relación sentimental que estás manteniendo.
 

¿Cómo afrontar positivamente un amor manipulador?

1.- Tomar conciencia. Si logras darte cuenta de la situación y de las implicaciones negativas que comporta has dado el primer paso hacia la solución del conflicto.

2.- Poner distancia. Eso no quiere decir necesariamente una ruptura instantánea, sino poner distancia entre el concepto de nosotros mismos que nos refleja esa relación (baja autoestima, anulación personal, falta de energía para defender criterios propios, etc…) y la conciencia de nuestro verdadero ser, en toda la claridad que cada uno sea capaz de vislumbrar. A veces, para conseguir ese distanciamiento del conflicto es necesario un alejamiento físico aunque sea temporal. Y eso implica el tercer paso: hablar de la situación con la pareja.

3.- Afrontar el conflicto con tu pareja. Nadie cambia sus actitudes y sus comportamientos si no quiere hacerlo. Puede ser que las actitudes de víctima y verdugo sean inconscientes y una vez sacadas a la luz, con voluntad compartida de transformar la dinámica de la relación, se logre un cambio y la relación crezca y avance tras superar la crisis. Pero si uno de los dos no admite el conflicto, es mejor una ruptura antes que la dependencia, el daño a la autoestima, o el miedo a perder todo el tiempo y el esfuerzo entregado en la relación, hagan muy difícil cortar a pesar de las implicaciones negativas de la unión. En algunos casos puede ser necesario buscar la ayuda profesional de un terapeuta de pareja o psicólogo.

4.- Basar la siguiente etapa de la relación en nuevos principios. Colocar al respeto como valor esencial en relación a uno mismo y al otro. También un compromiso de honestidad personal para reconocer las propias necesidades, comunicarlas y responsabilizarse de la satisfacción de las mismas, sin cargar al otro con la obligación de obtener la felicidad que sólo uno mismo puede alcanzar.

 

 

 

 

 

 

 

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